Es la mañana del mes de agosto y me
encuentro en la ciudad de Montevideo, capital metropolitana de Uruguay; país
austero y solidario, con frío me siento a recordar tantas gestas fatídicas que
vivimos; con alegría se recuerdan las escasas victorias y con una benévola
tristeza se admiran las derrotas que nos enseñaron tantas cosas. Ser parte del
movimiento estudiantil, al menos a la
generación de movimiento estudiantil que viví, era inexplicablemente agobiante;
era realmente complicado hacer política debido a que se vivía siempre a la
expectativa de que las decisiones las tomaran terceros, que andaban en
realidades muy distintas y distantes, a las que realmente existían y se
demostraban a diario en cada patio de la facultad, en cada calle del
cicatrizado asfalto Merideño y en cada hipotético hogar que intentaba subsistir
de manera medianamente decente.
Uno de nuestros principales “errores”
siempre fue desentendernos del concepto de unidad, que como lo plantea la Real
Academia Española de la Lengua, la unidad no es más que:
“La
propiedad de todo ser, en virtud de la cual no puede dividirse sin que su
esencia se altere o destruya”
Debemos desglosar este concepto con
la sutileza de un cirujano para entender nuestros errores y procurar no
repetirlos. Así pues, damos por sentado que la unidad más que un tema de
juntarse por una sola causa es un tema de individuos, o como la RAE lo llama,
de “SER” o “SERES” y como individuos particulares, lo más natural es que discrepemos,
sin embargo, habiendo algunas ideas en común puede existir un consenso. Continuamos
desglosando y terminamos el enunciando con lo que se podría considerar una
obviedad, pero como todo el mundo sabe, lo más obvio, nunca es obvio; entonces
debemos comprender que “lo que no puede dividirse sin que su esencia se altere
y se destruya” es una unidad de seres, personas o partidos políticos con
ciertas ideas parecidas o que intentan capitalizar un fin común con
herramientas comunes.
En nuestro caso, como movimiento
estudiantil, y siguiendo el concepto de unidad antes desglosado, era imposible
conseguir una unidad idónea y se debe fundamentalmente a que, aunque tuviéramos
un fin común, la realidad era que como individuos o grupos no teníamos ideas ni
remotamente parecidas, existían factores con ideologías neoliberales,
socialdemócratas, demócratas cristianos e incluso ciertos grupos que solamente
estaban ahí para fungir como actores de nuestros propios rivales políticos, que
en nuestro caso, era el gobierno.
Esa es la realidad y la explicación
del porque no se consolidó nunca una unidad solida en el seno del movimiento
estudiantil, y si vemos en retrospectiva es realmente lo más natural, inclusive
en los tiempos más difíciles de lucha, donde los perdigones y las balas se nos
incrustaban en nuestros cuerpos para la eternidad, era natural tener una mínima
sospecha de que cualquiera que no fuera de tu grupo, así fuese un aliado, te
podría traicionar. Por eso utilice comillas en la parte superior del texto,
porque algo que sea natural no puede ser considerado un error, era inevitable
el fracaso, pero nosotros como movimiento estudiantil; aunque estuviéramos
disgregados, separados y divididos, entendimos que la solución a todo problema
pasado, presente o que se avecinara, sería solamente resuelto con la salida del
gobierno. Podía ser por las buenas o por las malas, pero lo realmente
importante era desplazar a los asesinos del poder.
Quizás sea por mi condición de
exiliado, pero ahora que siento un frío mucho más intenso que el que sentía en
mi ciudad natal, y está distanciada mi humanidad de todo el conflicto político
de Venezuela, puedo darme el lujo de analizar con el corazón frío y el cerebro
acelerado todo lo sucedido desde mi experiencia. El movimiento estudiantil,
quizás a grado, tenía más semejanzas de lo que cualquiera podría pensar con los
partidos políticos, que en teoría, son opositores del régimen de Nicolas Maduro
y compañía. Recuerdo nuestras reuniones y me los puedo imaginar a ellos
sentados haciendo lo mismo que nosotros, puede que con sillas más lujosas,
puede que con comidas de intermedio y algún buen güisqui para acompañar la
negociación. Nosotros cuando teníamos mucha fortuna teníamos cigarrillos para
llegar a la mitad de una reunión y el dinero suficiente para pagar el autobús
de regreso a nuestros hogares. Exceptuando detalles de capital o de recursos,
me los imagino platicando básicamente las mismas cosas que nosotros, gritándose
como nosotros lo hacíamos, siendo hipócritas unos con otros, y por ende,
cometiendo los mismos errores que nosotros; al menos en lo que al tema de la
unidad se refiere.
Ahora que veo todo con los gloriosos
lentes de la objetividad puedo decir que uno de los mayores errores y una de
las cosas que ha hecho más turbulenta y tortuosa la caída de la dictadura es el
ansia de unidad en si misma. Es prácticamente imposible que veintisiete
partidos políticos, todos con ideologías en su mayoría dogmáticas y para mayor
tragedia asquerosamente distintas; se lograran poner de acuerdo. Y muchísimo
menos en un tema tan trascendental como la libertad de un país. Tanto se
preocuparon por aparentar la fulana unidad, que la misma unidad los llevó a una
pérdida implacable de estrategia. Se buscaba la unidad como un fin y no como un
método. Se ocuparon de llamar sectarios a los que discrepaban de la unidad y
plantearan una estrategia diferente, fuese acertada o errónea. Eso generó
opiniones pasionales y quiebres internos tan notables que en los momentos que
daban una rueda de prensa se veía la rabia de estar sentados unos con otros,
cual hermanitos menores que los obligan a sentarse juntos a almorzar luego de
pelear por un estúpido juguete. La única diferencia entre esos niños y la oposición,
era que de los políticos; los mismos que se sentaban con cara berrinchuda
frente a una cámara, dependía el futuro y la esperanza de un país entero.
La unidad como estrategia política
viendo el contexto social en el cual se encuentra el venezolano, es un total
disparate, al menos bajo los paradigmas que los dirigentes la intentan
plantear, la realidad es que debe haber una depuración importante para generar
un bloque tan serio que genere credibilidad en la sociedad venezolana, que de
confianza para financiamiento bien dirigido y además una estructura alejada de
los dogmas y que se enfatice en el pragmatismo como manera de solución de
problemas. La unidad ha traído problemas en todos los levantamientos sociales
de Venezuela desde el génesis de la revolución; bien sea por acción o por
inacción. No soy participe de las teorías que inventan algunos afamados
escritores del tuiter, que afirman que todos los políticos tienes cochambrosos
intereses en que la realidad que se vive se perpetúe, más bien creo que existen
unos pocos, en su mayoría jóvenes, que intentan asumir ciertos costos políticos
pero que desde el seno de sus propias organizaciones son obstruidos de manera
flagrante por dirigentes dictadores que afirman adorar la democracia; así de
paradójico es todo el conflicto Venezolano.
La unidad ha fusilado a la lucha, la
lucha se encuentra huérfana de dirección debido a que no se plantean más
estrategias que estar unidos, y lo más grave es que pareciera que nadie se esta
dando cuenta de esta realidad, que es demasiado evidente, pero caemos de nuevo
en que lo más obvio realmente no lo es, y éste fenómeno afecta a diario a la
psiquis de las bases de los partidos políticos, a los comerciantes y en general
a todo el venezolano de a pie. Porque si bien es cierto que buena parte de los
venezolanos dejó de creer prácticamente por completo en los partidos políticos
tradicionales de Venezuela; también es cierto que la otra parte aún encuentra
atractiva una unidad disparatada. También existen grupos con personas que en
teoría son un poco más dignas y capacitadas para llevar el estandarte de la
lucha, para destruir a la dictadura, pero el acercamiento no termina ni de
cuajar, ni terminan de dar un paso adelante y contundente para terminar de
ganarse la confianza de un pueblo que sale a protestar a diario, pero no tiene
ni idea de como conducir su indignación para conseguir soluciones favorables.
Resulta entonces que se debería
plantear una unidad alejada de cualquier concepto populista y electoral, una
unidad con estrategia y con herramientas serias para generar un cambio. Ya es
más que evidente que una salida pacífica, electoral y democrática es un sueño;
por ende, es importante entender que una dictadura no se puede combatir con
métodos democráticos clásicos, como una vez afirmó el ya difunto Oscar Yanez.
Que, por cierto, cuánta razón tenía y cuanta claridad del futuro inmediato hace
tantísimos años.
Así que, evidentemente todo el
panorama es bastante turbio, pero también es cierto que la especie humana es la
más fuerte de todas las bestias que parió el planeta tierra, siempre tendremos
la capacidad de volvernos a levantar de las cenizas fatuas de la derrota,
siempre podremos intentarlo de nuevo y siempre podemos volver a empezar. Lo
pienso y lo digo con la autoridad que me da haber estado dos veces en calidad
de detenido, haber sido torturado, y lo más complicado; empezar una vida de
cero lejos de mi familia y seres querido.
Aunque resulte increíble, la unidad
ha hecho más daño que los individualismos, aunque muchos aún no lo quieran
aceptar.
Jesús Pérez
Dirigente
estudiantil del movimiento 100 % Estudiantes
Actualmente
en el exilio

Hermoso y sentido texto. Solo acomodaría frases muy largas que hacen perder la idea contenida y pretendida.
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Un buen escrito con un auténtico criterio de el aspecto unidad
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