Continuismo Político: El arma perfecta contra la democracia.


El continuismo político atenta contra la democracia, su propósito es la perpetuación de los gobernantes en el poder, desconociendo la alternabilidad por la vía de las elecciones. Es un vicio político que a lo largo de la historia ha llevado a corromper el Estado.

Hoy día, las sociedades se resisten a la inercia y al retroceso, se indignan, reclaman, se transforman. Los países piden gobiernos libres de corrupción, eficientes y ocupados en el bien colectivo.

Los gobiernos continuistas justifican su permanencia en el poder convenciendo al electorado que son la única garantía para sobrevivir, descalifican al contrincante y reina la impunidad como si de verdad el fin justificara los medios.

En esto, se transformó un gobierno de izquierda en Venezuela, deformado a medida que pasaban sus años en el poder, viciado de conseguir cosas fáciles y sin trabajo alguno y, cuyos líderes, electos legalmente, ignoraron siempre los pedidos cívicos y de calle por un cambio… por la democracia, su respuesta: represión, miedo, muerte, privación de libertades, control absoluto a la población, viciaron elecciones, robaron frente a todos, torturaron y buscaron culpables externos para justificar lo atroz de las medidas.

Así evolucionó el Chavismo, movimiento que surgió en Venezuela y se identifica a sí mismo como un movimiento cívico-militar de orientación socialista y bolivariana, ha dominado la política del país con Chávez y ahora con Maduro por un período de más de 20 años.

En 1998, Chávez negó ser socialista y aseguró defender su proyecto más allá del socialismo y el capitalismo. En 2004, afirmó tener aproximaciones al pensamiento socialista y progresista y, a partir del 2005 defendió la idea del socialismo del siglo XXI conceptualizada por el sociólogo alemán Heinz Dieterich Steffan quien rompió relaciones con el ex presidente. En 2010, se declara marxista aun cuando en 2007 rechazó que el Partido Socialista Unido de Venezuela, (PSUV) partido que fundó, tomara las banderas del marxismo-leninismo por calificarlos como un "dogma que ya pasó".

Una crisis que empezó en la desaparición de la democracia y que hoy, está convertida en una crisis humanitaria cruel y dolorosa, que ha cobrado vidas, que ha desangrado las riquezas de un país virtuoso, que ha acabado con el capital humano de una nación de 30 millones de habitantes, ha provocado fugas de cerebro, deserción escolar en un sistema educativo a todos los niveles que preparaba parte de los mejores profesionales a nivel mundial, donde las actividades básicas se han convertido en calamidad para quienes hacen vida ahí, una crisis que ha vuelto el día a día una lucha por la sobrevivencia, que ha separado familias y que aún hoy, cuando el mundo empieza a escuchar y a tratar de entender, pasan cosas inimaginables en un país que podría haber sido la referencia de progreso y desarrollo del continente.

Los venezolanos se han ido y se han ido muchos.

Venezolanos protestan en Uruguay contra la Dictadura. Foto: @Veneguayos

La crisis migratoria venezolana fue comparada por Estados Unidos y países del Caribe con la crisis migratoria de la Guerra Civil Siria, las razones son políticas, sociales y económicas, el problema es la inseguridad, es la violencia, es la falta de libertad, es la falta de calidad de vida.

El éxodo venezolano está lleno de clase media, personas que cuentan con educación superior sin poseer riquezas y que la mayoría de ellos no superan los 40 años. Es según muchos organismos internacionales, el movimiento migratorio más grande que ha existido en occidente en los últimos 50 años.

La vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, asegura que la crisis humanitaria de la que se habla en Venezuela es una excusa de Estados Unidos para atacar el país, argumento que fue defendido por Nicolás Maduro y el ministro de comunicación Jorge Rodríguez.

Los venezolanos llegaron a muchos países, en los más cercanos, en los destinos tradicionales como Estados Unidos y España, y también están en Uruguay porque las leyes de este país lo permiten, porque es accesible incorporarse a la sociedad, porque te admiten y te adaptas. Los venezolanos pagan impuestos, como cada uno de los uruguayos, pero muchos trabajan en más de un lugar o por más de ocho horas sin acusar a nadie de explotación, lo necesitan y lo hacen… lo hacen bien, producen, emprenden, no tienen acceso a ayudas sociales ni cargos públicos y no han cometido delitos, sí, Uruguay nos abrió las puertas y lo agradecemos, sabemos que como a nosotros al gobierno también les funciona, que compensan un poco la cantidad de dinero que regalan a cambio de votos a quienes disfrazan su inactividad social con "carencia y programas comunitarios", que sube la competencia por la meritocracia y eso estimula o debería estimular la educación y la formación profesional, que mueve la economía y nutre la cultura.

Uruguay por su parte, a la interna, surfea la crisis mundial, es por eso que las medidas deben tomarse ahora para evitar entrar en el remolino que ya invade al continente... y para eso es vital la empresa privada, la posibilidad de ahorro e inversión por parte de los trabajadores, la seguridad individual y colectiva, la confianza en los procesos legales, la eliminación de la impunidad, la creación de plazas de trabajo y la activación de las partes de la sociedad que se duermen en la excusa de los bajos recursos.

Los venezolanos fuimos testigos el pasado 27 de octubre de las elecciones presidenciales, no fuimos víctima de largas cadenas de radio y televisión, no nos besaron ni nos cargaron para las fotos, no vinieron a tocarnos la puerta para presentarnos a los candidatos, no nos vimos involucrados ni atrapados en marcha de unos o de otros, no escuchamos de magnicidios ni de insultos ni de invasiones… parecía realmente una fiesta electoral, había propaganda, recibimos muchas listas, escuchamos música y hasta nos aprendimos los nombres. Sin embargo opinamos y no pudimos evitarlo porque la experiencia que nos obligó a salir de nuestra tierra también nos obligó a escuchar los discursos detrás de las palabras, nos enseñó a leer comportamientos, a ponerle atención a la manera de decir las cosas, nos enseñó a no dejar todo en manos del gobierno y cuando algo se parece a lo que vimos en Venezuela encendemos las alarmas y opinamos, sin poder evitarlo una vez más, con la impotencia a flor de piel y con la responsabilidad que nos da la experiencia vivida y el conocimiento adquirido, y decimos e insistimos en mostrar que el camino no luce bien, que se detengan, que piensen, que exijan y no se dejen.

Uruguay está bien, pero también es cómplice de dictadores asesinos como en el caso de Venezuela. El partido de gobierno hoy busca convertirse en un estado paternalista sin confiar en la capacidad de sus ciudadanos para el progreso, Uruguay peleó muy firmemente por la consolidación de la democracia y hoy sus fieles defensores se ofenden cuando la mitad de su población pide alternancia de partidos, que es sin duda, el pilar fundamental de ese modelo de gobierno.

Hoy quienes en el paisito del sur argumentan que nuestras opiniones no son válidas porque su gobierno nos abrió las puertas sin atacarnos, que todo está bien porque la crisis mundial no se ha hecho sentir, que somos alarmistas o hasta amarillistas y que desconocemos la historia de la nación deben mirar un poco más allá, alrededor y un poco más arriba, la política necesita coherencia e inteligencia más que corazón y pasión.

La libertad nos va a encontrar siempre en su defensa, con nuestras mejores herramientas… Y aunque Uruguay no nos esté haciendo ningún favor, cuenta con nosotros para hacer de este un país mejor.



Vanessa Vizcuña
Montevideo – Uruguay
Noviembre 2019

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